PERIODO ANTROPOLOGICO DE LA FILOSOFIA OCCIDENTAL

          Por Jesús Pérez Loza
          El Siglo V antes de Jesucristo, denominado también el Siglo de Pericles, es el escenario del Período Antropológico de la Filosofía Occidental y sus protagonistas principales son Sócrates y  Los sofistas.

Sócrates momentos antes de beber la cicuta. Obra del
pintor francés Jacques Louis David.
          
           Se conoce a esta etapa de la Filosofía Occidental como periodo antropológico, porque la reflexión humana se centra en la preocupación por el hombre.
            En el período anterior, presocrático o cosmológico, la meditación humana se preocupó por la naturaleza; por la búsqueda del arké, es decir del principio o elemento del que están hechas todas las cosas de la Naturaleza, lográndose una gran diversidad de de soluciones o respuestas. 
            Para Tales de Mileto, el arké es el agua; para Anaximándro el apeirón, para Pitágoras los números, para Heráclito el cambio, el devenir; para pitágoras los números, para Parménides el ser inmutable, etc.
            Conocedor Sócrates (470-399 a. de JC.) de las reflexiones de los filósofos que le precedieron y de las respuestas a la incógnita planteada por el arké, meditó detenidamente y llegó a esta conclusión: "A mi de que me sirve conocer todo lo que me rodea, si no me conozco a mí mismo". Es decir, cambió el objetivo de la reflexión filosófica preocupada por la materia o materia de las que está hecho el universo, para ubicarla y centrarla en el hombre.
              Inclusive, Sócrates se preocupó tanto por la problemática humana que decidió reflexionar en la vía pública, para compartir sus pensamientos y meditaciones, por ello era usual encontrarlo en los mercados o en las plazas públicas de Atenas, Grecia, rodeado de personas que dialogaban con él, principalmente jóvenes.
              El papá de Sócrates era el escultor Sofronisco y su mamá la partera o comadrona Fenareta, así que él determinó ejercer ambas profesiones pero con un cambio importantísimo; así que en lugar de realizar esculturas en bronce o mármol, como su progenitor, se dedicó a formar hombres justos y ciudadanos respetuosos de la ley; y en lugar de traer al mundo niños como la autora de sus días, prefirió alumbrar ideas y conceptos en la mente de los individuos, mediante su método de la mayéutica, consistente en formular preguntas sus interlocutores hasta lograr que éstos llegaran a una respuesta adecuada o conclusión.
                Por ello, este filósofo es el paradigima universal del maestro por excelencia, porque enseñó a los jóvenes a pensar, a filosofar, a buscar el bien y la verdad. Se fijó en el método de los geómetras de su época, quienes para nombrar a las figuras geométricas tenían en cuenta sus características, sí tenían tres lados, eran triángulos, si se conformaban por cuatro, eran cuadrados y sí tenían muchas aristas eran polígonos. Así que aplicó este sistema al ámbito moral para saber que es la virtud, la valentía, la honradez, la audacia, la perseverancia, etc., llegando  de esta forma al descubrimiento del concepto o fefinición y de los valores éticos o morales.
                 La simpatía que despertó Sócrates entre los jóvenes, las mujeres y los adultos de su época, despertaron la envidia de las  figuras políticas y poderosas de su época, así que lo calumniaron y acusaron  de ir contra los dioses y de corromper a la juventud, denuncia que formularon principalmente tres personajes perversos y poco conocidos: Anito, Licón y Melitos. La sentencia de los tribunales fue una condena a muerte, ordenándole que bebiera un veneno, conocido como  la cicuta.
                  Sus discípulos lo defendieron y apoyaron, incluso  le propusieron la fuga, pero Sócrates no se atemorizó y tampoco aceptó violar las leyes, así que apuró el veneno y cumplió con el castigo que injustamente se le inmpuso, pero con esa sabia y honesta decisión ingresó a la inmortalidad. Inclusive, sus contemporáneos y poteriores admiradores, consideran que el pensamiento del gran maestro se anticipó a su tiempo y adivinó la existencia de otra vida perfecta y superior, más allá de la tumba y algún poeta llegó a afirmar esto:
                   "Sócrates, al sentir el sumo ingrato helar las venas sonrie; sonrie, porque otra patria tras la tumba ve".
                    Y, en efecto, cuando sus alumnos le propusieron el escape, él les explicó claramente que no iba a morir, sino que iba a dialogar con los personales ilustres que ya habitaban el infinito y que tanto admiraba, como los poetas Homero, Hesíodo y  tantos otros.
Sócrates
          Sócrates fue el fundador de la Ética y aseguró que la filosofía consiste en el arte de vivir. Además, explicó que quienes obran mal, asumen este comportamiento por ignorancia. Su humildad, también lo llevó a afirmar; "Yo, solo sé, que nada sé", como un principio básico y previo para abrir su mente a la adquisición del conocimiento. Poco se ha publicado en relación a su esposa,  Jantipa, pero debió ser una extraordinaria mujer dedicada a su hogar y al cuidado de sus hijos. Lo cual permitió a este excepcional filósofo, cumplir con sus tareas primero, de soldado y después, de mangífico e insuperable maestro de la juventud ateniense.
           Mientras que Sócrates en su vida cotidiana era la personificación misma de la humildad y la generosidad con sus alumnos y circundantes; sus contemporáneos, los sofistas, eran unos modernos educadores dedicados a la formación de jóvenes aristócratas y acaudalados, aspirantes a ocupar puestos públicos.
           Era tal la arrogancia de estos maestros, formadores de los hijos de las familias adineradas, que los filósofos se denominaban  modestamente amigos del saber,  mientras que los sofistas se definían como sabios, y fueron los primeros en cobrar honorarios por ejercer su tarea docente. Sin embargo, no enseñaban el bien  ni la virtud como Sócrates, sino doctrinas sobre el relativismo y el escepticismo, es decir, la imposibilidad de llegar al conocimiento. Eran eruditos, pero más bien adiestraban a sus discípulos en el arte de la discusión con argumentos o dialéctica.
           Entre los sofistas, se destacan dos: Protágoras (480-410 a. de JC.) y Gorgias (487-380 a. de JC).

Protágoras de Abdera
          Protágoras es el autor de la homomensura, doctrina que sostiene que  "el hombre es la medida de todas las cosas".
             También este sofista se significa por el relativismo epistemológico, es decir lo relativo del conocimiento, que lo hace afirmar que no hay nada  verdadero absoluto.
              Igualmente proclama que no hay nada bueno en absoluto, es decir, defiende el subjetivismo ético.
               Protágoras nació en Abdera y fue el primero en llamarse a sí mismo sofista. Se fue a vivir a Atenas, en donde ejerció sus tareas didácticas en base a la amistad que le dispensaba el gobernante Pericles. Entre las asignaturas que enseñó figuran la poesía, la retórica y la gramática.
                Gorgias, oriundo de Lentini, Sicilia, es el más radical de los escépticos al ser el autor de la triple negación: Primera. Nada existe. Segunda. Si algo existiera sería incognoscible. Tercera. Dado que existiera algo y lo pudiéramos conocer no podríamos comunicarlo a los demás.

Gorgias de Leontini
          Gorgias niega así la realidad, el conocimiento y el lenguaje.